No espero los días festivos, ni el amor. No espero vencer al dolor ni que ésta lucha termine en otro lugar que no sea la muerte. No importa que el sol un día cansado no quiera salir. Ni que se caiga el templo donde guardo al alma. Ni que la esperanza no pueda engañar más al olvido. Estoy viva y ni siquiera eso importa.
Sólo ser cómplice de la quimera remienda la historia en la que dejé mi bolígrafo clavado en el pecho.

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