cruzo el camino y es objeto mi vida porque extirpada de mi vida es el significado de la tierra, no está la hoja quemada, ni la diferencia con las guaridas de los topos, mantener ese estado es volverse loco y no hacerlo es ahogarse, es perder,  la lluvia fue de tejas, digo del calambre al pisar tu charco y dice más alto el horizonte que dice todo de vuelta, todo otra vez más amarillo, del dentro nacieron las hiedras y  con los cuervos hicieron naranja mis manos que soltaron su piel y te vi en lo lejos, muy pizarra, muy arena decir de los marineros, decir de la sombra que vio espantada el mar cuando creyó que era igual la sal que descender con las navajas y los prados, otra vez, porque no estamos solos cuando la roca afila sus labios y dice el nombre que teníamos cuando no estábamos locos pero vence porque es suya la guerra la hoja caída del eucalípto...
Incierto decir con el veneno de las horas demasiado ocupadas. Incierto y decapitado. No me entran los viajes al bosque, me falta el embriagado vuelo ciego y sin objetos, ciego y sin prisas y adentro y nada, para perderse, para no tener, para vivir, porque sólo entonces...... pero ahora que estoy sola al fin supura el pus del ruido, como otro modo de cerrarse, violentando esta pared para no estar allí, primero quema librarse, intoxica deshacerse, porque primero es el dolor y ya después la cicatriz.
Descubre el escribir, un no significado, digo y no quiero pensar, sólo decir e irme con lo que digo, a un no lugar a vendarme los ojos con otros ojos que apenas miren, para no ser en el sentido que no complace ni viene como ofensiva, a la maranta de laberintos que en el espejo de perder la vida mientras tecleo, proyecta la máscara de la ausencia que en mí existe, como carne.
No quiero llegar a tropiezos ni planchar la ropa
no venderé las polillas de mis copas, no pondré mi lengua en tus oídos
soy culpable de prostituir al amor
pero ya no caminaré a ti, ni siquiera te escupiré mi noche
no te buscaré y mi estiércol sabrá de los bancos y de las estreyas
de las calles que no caben en tu paso y de sus puentes, de su mirada, de su luna
que es mi sangre.
Como un acantilado tu justicia sobre y hacia la mar, se ahoga y se recrea de la furia y de la sal con la guerra en tus entrañas, por el significado, y en la trinchera las cáscaras de lo que llegó a ti y fue tornado a tu silencio que te empequeñece, dulce error de la torpeza, tu lucha dentro de tu tráquea como una mariposa sin fe en el lenguaje, has dejado cubrir a las sombras tu rostro que nos mira como un verso inacabado y te hablan de los buques y sus estruendos y tú que estuviste allí, no respondes, pero la barbarie de las olas en tu pecho, despierta al rayo, y en tu pecho queda, tan lejano que ni la muerte nos dejaría comprender qué tan violento que se queda en ti, en la distancia.
Hoy conmigo, con ese café, se despierta también la euforia de estar viva sin excusas sobre los cuadernos, como una calzada perdida bajo el musgo, los tachones de ayer, se desgastan de sí mismos, se cubren de la tinta y reposan como un perro cadáver en algun vertedero, con el olvido como rostro y los gusanos como todo sigue y no preguntan, ¿qué es lo que acaba? hemos sabido distinguir a duras penas lo que es nuestro y la muerte que en cada nuca escribe una fecha y toda la vida como una balsa, nos besa los labios cuando en otros se levanta y abre sus ojos de todo cabe en este negro y nos mira como una yaga, como una vela que en otro barco nos busca y un día en el mismo mar nos hablará de los perros y de las armas y de los párpados que bajamos para no verla tan cerca mientras el llanto y el habrá que encontrar palas y un trozo de tierra.
Recordar, como si me hiciera pequeña, como si mi pasado fuera un conjunto de carreteras de las cuales algunas acaban súbitamente sobre un muro o un contenedor de vidrios, llena de vosotros, de nosotros, de ellos, como un desagüe, no digo sentido, no digo mesa y mantel, digo goma de borrar, un decadente perseguir de lo que se escapa, destino como lo que no llego, como mi no poema, como no vestido, espejo que enmudece lo que traiciona de sí mismo al resto de universo.

escritura automática

Subsana la equivocación el correr de los aires sobre el vacío como si la soledad atrajera monstruos de los suelos que disponen a tenerme en el caer de lo apagado, como la prisa que no llega a llegar, en el prado de lo silencioso, como si el tener fuera el preguntar qué clase de apetito se sacia de las sombras y mirar en los espejos del vacío las bestias responder en su crisálida de precipicio.
Las cuevas que tenía aquí, ahora son minas abiertas, con lo que era mío en manos de un yo que ya no quiere, un yo que de lejos abomina y una sombra que recuerda en esta noche lo que ya no tiene casa porque es de nadie y el silencio y el vacío son espejos que devuelven el rostro de lo ajeno en mi cuerpo dibujado que en la urbe ya no duerme.
El mejor modo de  huir es el que sucede cuando no te mueves de sitio.
Vivimos como pensamos la muerte,
lo que nos hace sentir la muerte es con lo que caminamos en la vida.
El abismo de la mentira, bajo los cuerpos embolsa en el hambre su egoismo
como si estuviera rondando los rincones de sombra
y no quedara nadie para hablar de lo falso
porque no estamos vimos mientras creemos que lo infectado es culpa de las bacterias.
Desde que vivo esquivando la idea de suicidio las puertas nunca enseñan sus rincones llenos de mierda y las sillas a punto de ceder están en el trastero, me he pasado al bando de los traidores,  no significa que para arreglarlo tenga que morir, pero sí contar con los agujeros para plantarme, con que la vida no siga como la estúpida canción de verano, saber al menos que lo que viene lo puedo elegir y no se elige por miedo a romper la continuidad, no era más feliz cuando buscaba el suicidio, pero era más real.

S. XXI

Me asomo a la ventana y veo edificios y antenas y coches y escaparates. Pienso que el único poema que nacería de este lugar sería mi cuerpo después de haber saltado al vacío.
Hoy si dejo hablar a la tristeza, mañana no podré quitar el barro, pero si no la dejo habrá un metal más afilado esperándome, parece que todo se reduce a qué será más doloroso, antes hubiera dicho que lo importante sería dónde el despertar, pero hoy no creo en ningún despertar, en el valor de ningún camino. Me está jodiendo escribir en estos momentos, prefiero ir al silencio de las palabras, sobre las sensaciones que se suceden conmigo en el mirar de la oscuridad del cuarto apagado. Esperando a la pesadilla.
A veces quiero morirme como una acción de descarga, luego pienso que no es tan buena idea y sigo el camino con un pozo más al que no mirar por un tiempo. Una vez que existe el espacio en que todo cae y he estado de su lado aunque sea una noche todo se vuelve más lejano, si no fuera esa gravedad que hunde en la vida y ocupa tal vez soltarse sólo sería echar aire hasta quedar libre, pero está lo que sería del dolor sin mí, de mis puentes, de mis telas, de las veces que levanté el brazo y toqué las ramas, está el miedo protegiendo mi marcha como un desfiladero oscuro que promete poesía y sangre, mientras siga aquí.
Vinieron a buscarlo porque tallaba árboles en las aceras, porque olvidó lo que le enseñaron e inventó un mundo donde era posible ser aire, vinieron y barrieron las flores que él fue a buscar tan lejos, se llevaron sus trozos de cielo de aquí no está permitido ser nadie, le quitaron el barro que trajo como recuerdo de los corazones que había arrancado de las piedras, se le tiraron encima, le pusieron unas cuerdas, le dieron una plaza en una habitación cerrada, él dejó de hablar, dejó de comer, se fue para siempre con lo que no pudieron llevarle y nunca más volvió.
Estoy detrás del muro, aunque no veas el muro. El muro es la esquizofrenia que se inventó para escucharte y para hacer posible un espacio en el que yo pudiera existir, el delirio es sólo un grito, el resto es una tela cosiendo dimensiones, ocultando y descubriendo la profundidad de un yo cosido al vacío.
No todo fueron barcos hundidos. No todo son cortinas. No hay tanta diferencia con el raso.
Todavía la carne es cuerpo y el dolor no es la cicuta
todavía no escribí a la muerte de mis padres ni me libré de la sangre reseca de este invierno
todavía no me vi sentada frente a las vías esperando un tren, un tren para lo que sea
todavía conocí un huerto con las azadas oxidadas y la cosecha perdida
todavía era una niña no creyendo lo que miro
todavía estaré escuchando esta historia por si acaso queda el fusil en la boca del mar.