El caliz que no bebí me viene a hablar del pecado con sus deliciosos aromas metódicos que controlan el deseo, partida en dos, y perdiendo la vida contigo, sigo sin pararme en la ventana por la que te vi por vez primera... y un suceso se hace cotidiano, y estas sienes que me taladrean me hablan de la acidez de la ausencia, cualquier ausencia, mucho espacio pocas prisas, todo a llenar, al borde de la muerte, desesperación...